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De las 14 provincias en que se encuentra dividida la isla de Cuba, probablemente sea Matanzas la que cuente con un número más elevado y una mayor diversidad de atractivos turísticos, entre los cuales el balneario de Varadero resulta el más conocido y demandado en el mercado internacional.
Hoy este polo turístico –que junto a la Ciudad de La Habana reciben alrededor del 70% de la totalidad de visitantes que llegan a la Isla– cuenta con un aeropuerto internacional, una sólida y variada infraestructura hotelera y múltiples opciones para satisfacer los gustos más disímiles.
Finísimas arenas blancas y transparentes aguas de inimaginadas tonalidades azules, constituyen las virtudes mayores de su cuidada playa, apta para el disfrute de todos los deportes náutico-recreativos (con o sin motor) y, en particular, para la práctica del buceo, pues cuenta con 32 sitios de inmersión en una zona delimitada por la bahía de Matanzas y el extremo occidental del archipiélago Jardines del Rey.
La reserva ecológica Punta Hicacos tiene para el turista una propuesta diferente: conocer las cuevas de Ambrosio y de los Musulmanes, donde se conservan decenas de pictografías aborígenes; acercarse a la Laguna Mangón, acuatorio en el cual se han identificado 662 especies de aves y 24 de reptiles; y viajar bien atrás en la historia natural al advertir la presencia del Patriarca, un cactus de más de 600 años de edad.
Un centro internacional de saltos con paracaídas; el Varadero Golf Club, único campo profesional de la Isla de 18 hoyos par 72; los baños con delfines en el acuario; decenas de excursiones a bordo de veleros y catamaranes a los cayos del norte; paseos en aqua ray por los canalizos del sur; la posibilidad de organizar un encuentro en el Centro de Convenciones Plaza América, o de disfrutar de los servicios del pulmón verde del balneario, el Parque Josone, son otros de los atractivos de una ciudad en la que no faltan los sitios donde pasar bien la noche.
Tierra de poetas distinguida además por la proliferación de puentes que enriquecen su entramado urbano, a la ciudad de Matanzas (fundada en 1693) se le conoce indistintamente como la Atenas, o la Venecia de Cuba. Allí, junto a una hermosa bahía, nació también un popular ritmo cubano: el danzón, y existe un sui-géneris Museo Farmacéutico, que junto al museo Oscar María de Rojas, abierto desde comienzos del siglo XX, y el teatro Sauto, sobresalen entre las propuestas culturales que para el turismo tiene esta provincia.
Las Cuevas de Bellamar, de cerca de dos kilómetros de extensión; las ruinas del ingenio Triunvirato; y el fascinante Río Canímar, de aguas navegables, tranquilas y en cuyas márgenes domina una exuberante vegetación, complementan los encantos de la capital matancera, muy cerca de la cual –y camino a Ciudad de La Habana– el fastuoso Valle de Yumurí obliga a hacer un alto en el camino para contemplarlo desde el privilegiado Mirador de Bacunayagua.
En esta propia zona, en medio de la quietud del valle, Matanzas ofrece a sus visitantes la posibilidad de recibir tratamientos especializados antiestrés, de belleza y para la obesidad, así como otros programas que tienen como propósito contribuir a mejorar la calidad de vida y hacerlo en condiciones excepcionales.
Matanzas, que posee un enorme potencial para el desarrollo turístico, tiene en la actualidad su principal sostén económico en la agroindustria azucarera al contar con 21 complejos que fabrican azúcar crudo y refino, excelentes alcoholes y otros derivados de la caña de azúcar. Dispone además de una base de supertanqueros que le garantiza una magnífica infraestructura para la recepción, distribución y almacenaje de hidrocarburos, y fabrica la casi totalidad de la tela para tapar tabaco, el hilo de rayón y las sogas a base de fibra natural de henequén que se producen en el país.
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